El Record Club de Beck
Pasa en el rock más que en cualquier otro género: cuánto más famosos se vuelven los músicos, más pierden la pasión fogonera, el placer de tocar espontáneamente con quien se ponga adelante con una Strato o una criolla desvencijada. La maquinaria parece ir en contra del ludismo, y antes de interpretar un tema ajeno en compañía de amigos o extraños por puro placer –como todos los que alguna vez empuñaron un instrumento hicieron en sus comienzos– los artistas se empeñan en atravesar un océano de managers, agentes de prensa y estrambóticos caprichos que terminan restando frescura y arruinando la diversión. Por eso, Beck fundó su Record Club: cansado de esta confusión entre profesionalismo y amargura, el autor de “Loser” quiso volver a jugar, y así convocó a un grupo de colegas con quienes se reúne de vez en cuando a tocar por tocar, con la salvedad de que los resultados de esas juntadas terminan recorriendo el mundo.
Grabar un disco entero en un día, en vivo y con elenco rotativo, para luego ir subiendo a internet un tema por semana hasta completar el álbum: de eso se trata este Record Club, que ya nos ofreció particulares recreaciones de tres clásicos. El primero fue The Velvet Underground and Nico, obra seminal del avant rock, registrado con la participación del productor Nigel Godrich y el actor Giovanni Ribisi (cuñado de Beck y, según éste, “un guitarrista increíble y un virtuoso del metal”), entre otros.
La siguiente entrega fue Songs of Leonard Cohen, también de 1967, en el cual colaboraron Devendra Banhart y miembros de MGMT y Wolfmother, una asociación impensada para invocar el intimismo del cantautor canadiense.
Y por último, un trabajo de culto: Oar (1969), el único LP como solista de Skip Spence, ex miembro de Jefferson Airplane que falleció en 1999 tras un largo batallar contra las adicciones y las enfermedades mentales. Terminado de subir al sitio oficial de Beck a fines de 2009, esta última encarnación del Record Club contó con el aporte de Leslie Feist, Jamie Lidell y todos los integrantes de Wilco (con el agregado del quinceañero Spencer, hijo del líder Jeff Tweedy, en la batería).
La simpleza con la que los próceres que tanto lo influyeron grababan sus álbums fue lo que motivó esta exploración, llamativa en un artista que ganó un nombre gracias a collages elaboradísimos como Odelay o Midnite Vultures. “Vengo practicando desde hace años cómo grabar una banda entera en vivo. Me inspire en lecturas sobre cómo se hacían los discos en los 50 y 60. Escuchás esas cosas sobre cómo los Beatles grabaron su primer disco en un día, o como Bringing it All Back Home de Bob Dylan se hizo en tres te hace pensar”, afirma Beck, quien además de llevar adelante este proyecto co-escribió el flamante (y excelente) IRM de la francesa Charlotte Gainsbourg.
La idea, insiste, es recobrar la simpleza: “Pasás tantos meses y años en el estudio, y ves que el reloj camina y se pierde tanto tiempo en cuestiones técnicas. Yo sólo pensé cuán divertido sería hacer algo rápido y sentir el sacudón de algo que tiene energía, algo que de lo que no estás cansado cuando lo terminás”.
La versión local ya tiene un ciclo
En una tónica similar a la del Record Club se encuentra el ciclo “Amigos de lo ajeno”, que todos los segundos miércoles de cada mes a partir del 10 de marzo tendrá lugar en el Ultra Bar (San Martín 678).
“La idea era llevar el living de una casa al escenario”, dice el curador Sebastián Rubin, quien se encargó de reunir a las bandas y los solistas que en cada fecha se reunirán para recrear discos clásicos del rock local e internacional en su totalidad. En el primer encuentro sonarán My Aim is True, de Elvis Costello (a cargo de Manza, Marioni y el propio Rubin), y Transformer, de Lou Reed (por Pablo Krantz, Nicolás Ottavianelli y Radio AM). Para abril están programados Piano bar, de Charly, y Nadie sale vivo de aquí, de Calamaro, y para junio Little Earthquakes, de Tori Amos y de Patti Smith.
Fuente: Diego Mancusi para www.criticadigital.com


Responder