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11 2009

El Bocha íntimo

foto: francisco-bochaton.com.ar

Tenemos diez años más, estamos un poco viejos, ¿menos rockeros? y, sin embargo, ahí adelante hay un pogo amontonándose contra el escenario, una masa de cabezas que sube y baja y corea “soy el manicomio gris, soy el velatorio en sí”, como si los Peligrosos Gorriones fueran la banda under del momento a punto sacudir la levedad de los noventa y la prolija pista de Niceto se hubiera convertido en un antro copado por fanáticos. Pero no: los Gorriones (ahora el pogo los convoca para un bis) no son la banda del momento porque ya no son banda, se separaron en 1999, y ese Francisco Bochatón que vuelve a tomar el micrófono para cantar “Bicho reactor” está seguro de que con siete discos como solista encima, todos editados bajo sellos independientes –el último de 2007: Tic Tac– ya no hay retorno. Que esto de tocar juntos es, simplemente, un acto desmitificador.

PINTAME LOS LABIOS. “No vuelvo a juntar al grupo ni en pedo”, dice Bochatón, clarito, por si a algún nostálgico le quedaban dudas. Ya no hay cuerpos sudados a su alrededor pidiendo un acorde más: esto es una casa en algún lugar de zona norte en la que se escucha a la vecina regando la vereda y, como una suerte de filtración, una voz que desde la cocina sigue: “Me parece que está bueno tocar un par de veces y descontracturar ese halo de ‘nunca más nos juntamos’. Está todo bien, pero Gorriones fue hace mucho: ‘Escafandra’ me parece el tema de un chico de 20 años, porque yo tenía 20 años cuando lo compuse”.

La vecina dejó de regar y el agua que corre ahora es la que va de la pava al mate con la misión de despabilar a un Bochatón que se quedó hasta las cuatro de la mañana riñendo con una letra de su próximo disco que, por ahora, se llama Alrededor del centro. “Una tortura. Es que tengo una búsqueda poética y eso lo hace complicado. Si pusiera ‘mi amor, esta noche, baby, por qué no viniste’… Bueno, ‘por qué no viniste’ lo usé (risas), pero un tema que no tiene una letra que no me interesa, no lo uso.

La mano deja el mate, se estira hasta una pequeña biblioteca (“tenía un montón de libros pero los tiré, ¿podés creer? Me hacían acordar a otra época”) y alcanza un lomo negro: La flor de lis, de la poeta uruguaya Marosa Di Giorgio. “El otro día la estaba leyendo y me dio ganas de hacer algo, así que tomé algunas frases y compuse una historia. Pero no me gustó, fue como un robo. Prefiero cuando me sale a mí”. La mano ahora busca otro libro que no encuentra, una antología de Federico García Lorca que también mereció una reversión, pero esta vez con más éxito. “Lo de Lorca no fue un robo porque lo cité, usé tres poemas, y fue más fácil porque él es muy musical”.

–¿Ese tipo de poesía se lleva bien con el rock? Marosa, Lorca…

–Para mí sí, porque yo concibo el arte así. Yo no sé si soy rockero, bueno, sí, soy rockero, pero a mí las letras de rock no me gustan mucho, parece que alguien dijo que las letras de rock no tienen que ser copadas y le hicieron caso. Bueno, Spinetta es una excepción. Igual a Spinetta lo pusieron en lugar de superhéroe porque no apareció otro.

–¿Y en tu caso? ¿Te convirtieron en un cantante de culto?

–Me sigue mucha gente diversa, no entiendo bien. Y de culto, qué sé yo, me gustaría que las canciones las escuche mucha más gente, pero es imposible que pasen un tema como “Luces” en una radio que pasa Arjona, un tipo que canta “manchaste el colchón” y no sé qué. Hago un estilo de música que sólo voy a cambiar de acuerdo a mis necesidades.

–Igual, “Pinamar” fue un hit.

–(Risas). Sí, un hit, un hit, pero, ¿de qué habla “Pinamar”? No sé de qué habla “Pinamar”, en esa época usaba mucho la escritura automática. Ahora no, ahora me impactan imágenes que veo y hago una poética con eso. Antes era más autobiográfico, me influía más el vínculo con otras personas.

–¿Por ejemplo?

–Y, las novias. Son fundamentales.

–Claro, ¡sos el cantante romántico del rock!

–Y sí. A mí me gustaba eso. Era cuando no tenía mucho filtro, me parecía que la espontaneidad era muy necesaria. Pero ahora sé que lo espontáneo te caga, te deja encarcelado, y terminás contando cosas íntimas, como me pasó a mí.

–¿Tuviste problemas con “afectadas”?

–Sí, no grabé un tema porque había una afectada (risas), uno de Tranquilidad después de la paliza. Me censuraron, pero lo respeté… ¡Qué boludo, lo tendría que haber grabado! Había muchas canciones que no estaban escritas a nadie, como “Flor de locos” que dice: “tu cuerpo es un lugar sagrado”, pero igual, “a quién le escribiste eso” era una pregunta frecuente. Ya no.

Dice y mira la casa, una casa acomodada para que entren algunos instrumentos, una computadora, un equipo de música, la pequeña biblioteca, el sillón heredado del padre abogado y ya. Sin lugar para preguntas frecuentes.

TRANQUILIDAD DESPUÉS DE LA PALIZA. Fueron tres discos y miles de copias vendidas –hoy serían triple disco de oro, pero los Peligrosos Gorriones quedaron muy lejos. Lejísimo de este Bochatón que una noche de insomnio puede prender la computadora, bajarse la canción “Y sin pensar”, de Zas, y versionarla con su guitarra a modo de antídoto para una cabeza que no para. Ahora nos la muestra con cierta vergüenza y nosotros –fotógrafo y redactora– escuchamos fascinados cómo la canción de Miguel Mateos abochatonada es una gema (“ponelo como bonus track fantasma” es nuestro deseo de fan). Un Bochatón que le escapa a cualquier definición y se enoja un poco con los que pretenden clasificarlo: “Ayer miraba un video de un tipo que hablaba de mí y decía: ‘Bochatón es un frontman que no es un divo ni un superstar, más bien todo lo contrario, es un perdedor’. Pero no lo dijo mala onda sino como si yo fuera ese poeta oscuro al que no le fue bien nunca”.

–¿Y sentís eso?

–No, para nada. Si yo termino una canción, ya me fue bien, y si la puedo tocar, me fue mejor. No puedo negar que el mercado está para otra cosa, no sé para qué, ¿para Britney Spears? No, ni siquiera.

–Solés decir que Tranquilidad después de la paliza, de 2005, es tu disco bisagra, ¿por qué?

–Fue un cambio personal que se vio volcado en lo artístico: yo ahí hice un quiebre, hubo un crecimiento, fue algo que me pasó más arriba de mi trabajo como músico, de mi laburo cotidiano. Y de pronto me encontré metiendo canciones que no pensaba grabar nunca, como “A través de todo”, que era una canción guardada en un cajón. En un momento algo me hizo clic y dije “esto tiene que ir todo al disco”, y mientras estaba grabando compuse “Sábado”, fue una época muy creativa. Pero también sentía que no había posibilidades económicas de sacar el disco. Hasta que me fui a España y me di cuenta de que la Argentina era el fin del mundo y que no podía ser tan difícil hacer las cosas por cuenta propia. Así que vine, lo saqué y con eso me pude demostrar que se puede y que los que te hacen creer que no, es porque son parte de un gran circo.

–¿Qué se viene?

–Tengo 24 temas, pero deberían quedar doce. Va a ser un disco raro, con una estructura musical diferente. No se parece a Gorriones, pero tiene sonido de banda y sólo tres cancioncitas de amor… ¡Así se tiene que llamar el disco: tres canciones de amor!

Se acabó: el mate, la manguera y el mar Bochatón.

Un pasaje a Bochatonlandia

En 1991, Francisco Bochatón formó Peligrosos Gorriones, el grupo con el que pasó a formar parte de la vanguardia rockera de los noventa, junto a Los Brujos y Babasónicos. Se separaron en 1999, luego de editar tres discos y, al año siguiente, Bochatón se largó como solista con Cazuela, con Gustavo Cerati como invitado. Lleva editados siete discos –con un octavo a punto de ser grabado–, entre ellos, Píntame los labios y La tranquilidad después de la paliza. Publicó un libro de poemas, Libertades pequeñas. Se acaba de presentar con su antigua banda en La Plata y en Buenos Aires.

Por Fernanda Nicolini

Fuente: www.criticadigital.com





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