Iron Maiden cerró la fiesta metalera

“¡Soy de Maiden, es un sentimiento, no puedo parar!”, corearon las 42 mil personas que se apiñaron en Vélez el sábado para presenciar una nueva instancia del Somewhere Back in Time World Tour, a menos de un año de su visita anterior. Y por una vez, el cantito trillado escondía algo de verdad: lo que sucede en torno a la Doncella de Hierro y sus acólitos excede la típica relación banda/público para convertirse en algo más trascendental, cercano a las formas de un culto.
Por un lado está la audiencia, que no escucha metal sino que lo endiosa, lo venera y comulga con él. Por otro, seis predicadores que tienen a sus seguidores cautivos y no escatiman esfuerzos para seguir encantándolos, y que a fuerza de energía y teatralidad incluso logran cooptar a más de un escéptico. Así, un recital de Iron Maiden se convierte en toda una experiencia.
Ya desde el comienzo, con “Aces High” (tan puntual que aquellos que previeron la típica demora quedaron afuera y se generaron corridas y disturbios), la banda salió dispuesta a shockear, con estallidos de fuego y una impactante escenografía inspirada en el antiguo Egipto. Cada pieza de la máquina es fundamental: el timing de Nicko McBrain en la batería, la solidez de Steve Harris en el bajo, la contundencia del ataque de tres guitarras conformado por Adrian Smith, Dave Murray y Janick Gers. Sólo con esto, les bastaría para ser una gran banda, pero además tienen al mejor cantante heavy de la historia, y es ahí donde hacen la diferencia.
Bruce Dickinson es el frontman perfecto: transpira histrionismo, yendo y viniendo por el escenario y arengando a la multitud como si los 50 años que acusa se redujeran mágicamente a la mitad al exponerse al público. En “The Trooper” se calzó un uniforme de soldado y flameó una bandera británica que, por esta vez, apenas unos pocos abuchearon. En “Rime of the Ancient Mariner” se bancó una épica de 15 minutos, enfundado en una capa negra. En “Phantom of the Opera” dejó claro que la lírica y el metal están más cerca de lo que muchos creen. Y en todo el concierto demostró que su garganta privilegiada sigue intacta, sacudiendo con sus agudos hasta al más desprevenido de los espectadores.
Todo, hasta el orden de los temas, fue demoledor. Después de calentar el ambiente durante una hora, salieron a incendiar cabezas con “Run to the Hills”, “Fear of the Dark”, “Hallowed be Thy Name” y “Iron Maiden”. Aparición de un Eddie temiblemente realista de por medio, desaparecieron y volvieron con “The Number of the Beast”, “The Evil that Men Do” y “Sanctuary”. Con sendas promesas de por medio (disco en 2010, regreso en 2011), dieron por concluido el concierto, y la sensación que flotó entre todos fue una sola: mejor imposible.
Lista de temas:
Aces High
Wratchild
2 Minutess to Midnight
Children of the Dammed
Phantom of the Opera
Trooper
Wasted Years
Rime of the Ancient Mariner
Powerslave
Run to the hills
Fear of the dark
Hallowed be thy name
Iron Maiden
Number of the beast
Evil that men do
Sanctuary
Fuente: www.criticadigital.com

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